5 de octubre de 2010

Palacio Real de la Granja de San Ildefonso


Uno de mis lugares preferidos es el Palacio Real de a Granja de San Ildefonso, que se encuentra en la vertiente norte de la Sierra de Guadarrama.

El lugar ya existía en tiempos de Enrique III, que lo utilizaba como emplazamiento de cacería. Fue engrandecido por Enrique IV, pero los Reyes Católicos lo donaron a los monjes del Parral para que lo explotarán y administraran.
Fue Felipe II quién lo convirtió en un alcazar al estilo del de Madrid, del Pardo y del Escorial. El edificio se mantuvo igual hasta que en el reinado de Carlos II sufrió un incendio.
Cuando Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio, hicieron una visita al lugar decidieron que lo usarían como palacio de recreo. Para ello firmaron la escritura de adquisición con los monjes del Parral y encargaron las obras del Palacio al arquitecto Teodoro Ardemans. Las obras comenzaron el 1 de abril de 1721, con el aparejador Juan Román al frente.
Felipe V se retiró a este lugar en 1724 y durante los veinte años siguientes engrandeció los jardines y el palacio, que fue usado como residencia de verano por todos sus sucesores hasta Alfonso XIII. Recientemente, se han acometido trabajos de restauración y de reordenación de las colecciones en los Salones Oficiales que nos permiten volver a la época de su construcción.

El Palacio es un gran edificio de planta rectangular con dos alas paralelas, que forman los patios de Coches y de la Herradura, ocupando el centro el de la Fuente, que es el antiguo claustro de los Jerónimos, de arquitectura herreriana. El edificio tiene los muros de mampostería enlucida con huecos arquibatrados guarnecidos de granito y torreones con chapiteles de pizarra.
La fachada principal, que mira a los maravillosos jardines, la proyectó Juvara en 1734 y la finalizó Juan Bautista Sachetti.

En interior del Palacio se divide en dos plantas, y las diferentes salas están decoradas con techos pintados, en su mayoría son de Bartolomé Rusca. Destacan los cuadros de Lucas Jordán, Bassano, Houasse, Teniers, la colección de esculturas, de mármol de Carrara, de Cristina de Suecia, objetos de cristal, tibores orientales, lacas japonesas y muebles en maderas finas y bronces dorados. El gran museo de tapices con obras de los siglos XV al XVIII, es el primero del mundo por su importancia, en él se expone, entre otras, la serie del Apocalipsis, obra bruselesa del Siglo XVI.Los visitantes al Palacio Real comienzan el recorrido turístico por el Museo de Tapices. A este espacio le siguen otras 24 salas y dependencias, cuyos nombres se citan a continuación: Salón de Alabarderos; Escalera Principal; Galería de Retratos; Pieza de Comer; Pieza de Vestir (o de la Chimenea); Oratorio; Dormitorio de sus Majestades; Gabinete de la Reina y Pieza de la Cama de Repuesto; Tocador de la Reina; Antecámara de la Reina; Salón de Países; Antiguo Oratorio; Comedor; Sala de Lacas; Gabinete de Espejos; Sala del Valor; Sala de la Victoria; Sala de la Paz, Sala de África y América; Sala de Europa; Sala de las Ocho Columnas; Sala de la Fuente; Sala de la Verdad; y Sala de la Conquista.

Los alrededores del Palacio están compuestos por extensos y bellos jardines, lagos y un gran parque, que son uno de los mejores ejemplos que hoy se conservan de los jardines del siglo XVIII. Las obras de jardinería y las estatuas que lo adornan fueron encargadas a un equipo francés, entre los que estaban Esteban Boutelou y Renato Carlier. Además Felipe V hizo traer tilos de Holanda, castaños de Indias y otras especies para poblar el gran bosque. Renato Fremin y Juan Thierry esculpieron las estatuas y grupos de fuentes por las que es famoso este Palacio. Destacan las fuentes de Neptuno, Apolo y Andrómeda en la amplia perspectiva de las Carreras de Caballos; la Cascada de Anfítride, ante el Palacio; y las de las Ocho Calles, el Canastillo, los Baños de Diana y la Fama.

El espectáculo completo de los juegos de agua de las fuentes se da sólo en algunas fechas festivas, especialmente en la de San Luís, patrono del Real Sitio, el 25 de Agosto. Según se dice los juegos de agua del Palacio son los más famosos de toda Europa.

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